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La sombra del destino

  • Merisabel Claudia Bautista Medina
  • 27 nov 2025
  • 10 Min. de lectura

Merisabel Claudia Bautista Medina

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

La época victoriana marcó de manera precisa los roles entre el varón y la mujer. Hace dos siglos, la institucionalización de la ideología de la mujer sumisa y entregada a su marido, no se había visto tanto como en la época victoriana, aunque ya existían roles, no estaban tan moralizados, sistematizados y justificados ideológicamente, siendo que antes, incluso existía un trabajo complementario entre ambos géneros, pero con la llegada del siglo XIX, el género masculino empezó a desplazarse hacia sus lugares de trabajo, dejando a las esposas, hijas o hermanas a cargo de la casa, supervisando las tareas domésticas que realizaban los sirvientes. Entonces, en este contexto, nació la ideología de las esferas separadas, que define a las mujeres como seres débiles, pero moralmente elevadas ante los hombres, lo que dejaba claro, que eran las más adecuadas para el hogar. Asimismo, se empezó con un nuevo tipo de educación para ellas, donde se tenía que preparar a la mujer ideal para el hogar. Como explica Perkin (1989), las mujeres recibían una educación estrictamente para los quehaceres domésticos y artísticas, antes que el conocimiento intelectual. Para lograr crear el arquetipo de mujer que la sociedad pedía, las mujeres de clase media empezaron a recibir formación en habilidades, que aprendían con sus institutrices o en internados, lo cual demuestra que el sistema educativo trascribía de manera explícita el ideal de mujer; es decir, ella debía poseer conocimientos de música, canto, baile y lenguas modernas. Y además debía tener glamur al andar, en su tono de su voz, en su trato y modo de expresarse; de lo contrario no merecería el calificativo más que a medias. Este episodio funciona como un comentario critico de Jane Austen de lo que la sociedad le exige a la mujer para alcanzar la perfección superficial, porque no tiene que ver con el valor propio, sino como objeto utilizable dentro del mercado matrimonial. Además, representa una sátira, porque usa a la señorita Bingley como aristócrata elitista y clasista, para ridiculizar las expectativas irreales y ridículas. Perkin (1989) afirma que, para la mayoría de las mujeres victorianas el matrimonio solo era una necesidad económica y social que determinaba su posición y supervivencia. En ese sentido, si una mujer se quedaba soltera era una desafortunada social, pero las que se casaban carecían de derechos sobre su propiedad y herencia, los cuales pasaban automáticamente al control del esposo. Para todas las mujeres de la época, sin duda, el matrimonio formaba parte crucial de sus vidas, y el impacto era mucho mayor, cargadas con presiones ejercidas por la familia y las expectativas, se veían persuadidas a competir dentro de una valoración publica en función a su estado civil. Es fundamental este reflejo con la realidad social de la Inglaterra del siglo XIX, para entender el reflejo sutil que existe en la historia de Orgullo y prejuicio, donde jane Austen no solo expone como era la época victoriana, sino que propone una crítica a los límites impuestos a la mujer, la presión del matrimonio y el prejuicio social con el que se valoraban a las personas.


A pesar de ser una obra clásica romántica, ha generado controversias por la postura de Austen frente al matrimonio y el rol femenino en la sociedad del siglo XIX. Por un lado, están las personas que sostienen que la autora critica el sistema patriarcal, dando a conocer como las mujeres eran condicionadas para poner como primera instancia el matrimonio como única vía social de estabilidad y económica. Herrera Sánchez (2012) señala que la mujer dependía económicamente del esposo que lograse atrapar. Desde esta perspectiva, la escritora denuncia con ironía estas limitaciones impuestas, que representa por medio de personajes como Elizabeth Bennet o Charlotte Lucas, quienes son el reflejo de la visión contrastante que se tiene del matrimonio. Sin embargo, la contraparte propone que la crítica de Austen es moderada, tal como sostiene Dalal (2019): la trama acaba con matrimonios satisfactorios para las protagonistas y esto reafirma que el éxito femenino depende del vínculo matrimonial. Además, existe la discusión de que el tono irónico de la obra no funciona como herramienta revolucionaria, ya que se encuentra dentro de la ideología de su clase social. Algunos críticos cuestionan la falta de estructuras de género y clase que caracterizan a la Inglaterra decimonónica. Entonces, esta tracción que existe entre la crítica y su conformidad es lo que vuelve a Orgullo y prejuicio en una obra polémica, que puede ser interpretada como un ideal romántico o una sátira social. Jane construye una denuncia contra el sistema patriarcal y económico que define el valor de las mujeres dependientes de su utilidad en el matrimonio, coincidentemente. Herrera Sánchez (2012) refiere que las mujeres superviven y dependen de la riqueza del marido, a esto se suma Dalal (2019), quien aclara que Austen usa el matrimonio como un espejo de tensión entre el amor y la necesidad económica, demostrando cómo la sociedad obligaba a la mujer a elegir la seguridad antes que el afecto. Por ejemplo, Charlotte Lucas, que es la representación de la resignación social y Elizabeth Bennet, como su contraparte, que es la excepción a la norma, y que rechaza un matrimonio sin amor ni respeto. Entonces, muy lejos de solo manifestar sobre los estereotipos victorianos, Austen, revela las grietas del sistema, a través de la ironía y caracterización de sus personajes, la deshumanización de las mujeres. Por ello, la obra no se debería leer bajo la idea de una simple historia romántica, sino bajo el ojo crítico literario, para poder desglosar el patriarcado ingles del siglo XIX y la valoración superficial de las relaciones, especialmente la juzga Servera hacia las mujeres.


Davidoff y Hall (2018) explican que “la ideología de esferas separadas situaba a las mujeres firmemente dentro del ámbito doméstico donde su dependencia de la provisión financiera masculina se consideraba natural e inevitable” (p. 25). Entonces Austen nos refleja esta realidad, de las mujeres carecientes de autonomía jurídica y económica, sin poder acceder a una fortuna propia y desterradas del trabajo remunerado, solo les quedaba el destino de encontrar un buen matrimonio. En esta misma línea, Moe (2016) afirma que “las estructuras sociales que limitaban profundamente la autonomía económica femenina convertían el matrimonio en uno de los pocos caminos disponibles hacia la estabilidad” (p. 1078). Por lo tanto, el análisis del contexto social demuestra que la obra expone las normas patriarcales de su tiempo, pero también, que las problematiza y contrasta con los personajes, dejando ver a las mujeres bajo la condición de la riqueza y benevolencia de un varón. Un ejemplo que evidencia el matrimonio como un recurso monetario que tenían las mujeres es la de Charlotte Lucas. Su situación representa la presión social de aquella mujer sin belleza, ni fortuna destacada y para ya, en sus 27 años, se le consideraba dentro de su localidad como pasada de edad, lo cual la ponía en una situación vulnerable ante la juzga social y, sobre todo, para su futuro económico. Aunque su familia, era respetable, carecía de una fortuna que no le permitía asegurarle un futuro cómodo, por lo cual se encontraba en una posición muy limitada de opciones. Es entonces, que en Longbourn, en Lucas Lodge, donde vivía Charlotte, se da la propuesta de matrimonio de parte de Mr. Collins. Austen subraya la frialdad del matrimonio, ya que a ella no le importaba el amor sino un hogar confortable, y Charlotte reconoce que la felicidad en el matrimonio es enteramente cuestión de azar, y que más adelante se convierte en una profecía de su destino. Para ella, la felicidad conyugal no es un requisito importante para casarse. También destaca la familia Lucas, que celebran, no por los futuros novios, sino por lo conveniente de la unión.


A través de la señorita Lucas, se critica la forma en cómo la sociedad obliga a escoger matrimonios carentes de afecto, priorizando la supervivencia. Su decisión es la consecuencia de un sistema que niega alternativas a las mujeres a tener una vida independiente. Tampoco, podemos juzgar a Charlotte como una mujer interesada, ni conformista, porque ella representa la racionalidad con la que una mujer de su época hubiera reaccionario frente a la falta de derechos y autonomía material. Como sostiene Davidoff (2018), el matrimonio actuaba como el principal mecanismo de control social sobre las mujeres” (p. 7) Esta afirmación, permite comprender la elección de Charlotte, porque ella no traiciona al amor romántico, sino que el orden social que la limita, la obliga a tomar la alternativa más segura para mujeres, como ella, de clases medias.


Dentro de la novela, Austen derriba el modelo hegemónico de la feminidad propia de la Inglaterra del siglo XIX, A través de la sátira, la ironía y los personajes, la autora nos propone el absurdo e injusto esquema de la mujer ideal, mostrando como la sociedad forma el arquetipo de mujer perfecta con base a la utilidad de esta, en el plano social dentro del patriarcado, tal como Elizabeth que cuestiona ese ideal, no buscando complacer, sino desde la autenticidad y la inteligencia que le permite reflexionar, y que Darcy sostiene que carece conocer a mujeres  verdaderamente inteligentes. Austen utiliza a Elizabeth para desafiar las versiones normativas de feminidad que se articulan en la voz de personajes como Caroline Bingley; al presentar modelos contradictorios, evidencia que la feminidad no es natural, sino una construcción social condicionada por el deseo masculino y las expectativas patriarcales (Moe, 2016, p. 1082) La conducta femenina estaba regido bajo un marco patriarcal rígido (Vickery, 1993, p. 12) Ambas perspectivas, revelan el artificio de mujer ideal. Por otro lado, dentro de la novela, se puede subrayar los prejuicios, estas impresiones rápidas, que llevan a cometer juicios erróneos sobre la valoración hacia una persona, como por ejemplo en Darcy y Wickham, quienes representan lo que es y lo aparente. Darcy, se presenta como un hombre reservado, de modales rígidos, orgulloso y la posición social elevada en la que esta, le hace resaltar una percepción de arrogancia. Pero, contrario a la fachada que se le ha creado, Darcy es la representación de la integridad y muy profundo sentido del deber y la bondad, que a medida que se avanza en la novela, se va relevando su verdadero ser. Por el contrario, Wickham es un hombre atractivo, encantador, de conversación fácil y modales impecables. La manera simpática con la que habla y conecta con los demás, lo hace adaptable a cualquier entorno social. Austen presenta a Wickham de la mejor manera en un inicio, siendo esta una construcción de la impresión perfecta, porque encaja perfectamente en lo que un hombre debe ser, según ideales sociales sobre la amabilidad y la humildad. No obstante, su verdadero ser, se va descubriendo a través del paso de las palabras, conociendo realmente su carácter irresponsable, manipulador y oportunista, en palabras de Browntein (2011) “Austen expone como los juicios sociales se construyen a partir de apariencias cuidadosamente preformadas, no de la verdad moral” (p. 153). Entonces, desde estos dos personajes, la autora critica a la sociedad premiadora de imágenes por encima de la autenticidad, resaltando que el prejuicio es un mecanismo que distorsiona la percepción y mancha la comprensión del carácter real. Bajo esta evidencia, se puede asumir que los juicios sociales son impresiones superficiales, a partir de los modales o el estatus, mas no de la conducta real del individuo. Johnson (1988), señala que Austen “revela la facilidad con la que la cortesía externa puede ocultar la corrupción moral, cuestionando la confianza social en la apariencia” (p. 64). Por esto, Elizabeth confía inmediatamente en Wickham, no porque no tenga pruebas sino porque, para ella, que ya ha creado una imagen de Darcy, la figura socialmente atractiva de un caballero. Hasta este punto, la autora muestra cómo la sociedad georgiana premiaba por las apariencias que por las virtudes mismas.  Wilkie (1992) afirma que la autora construye capas de interpretación donde “la percepción inicial del lector y de los personajes se ven manipulados por señales sociales engañosas revelando como los juicios precipitados forman parte del problema moral central de la novela” (p. 520). Wickham engaña a toda la comunidad porque domina las formas sociales, pero Darcy, que es menos hábil para las expectativas, es juzgado erróneamente. La interpretación de Wilkie nos subraya que Austen no solo critica errores individuales, sino al sistema social que educa a los miembros a valorar el encanto antes de la conducta ética. Entonces, los prejuicios que afectan a Darcy y que momentáneamente favorecen a Wickham no es una falla personal, sino el síntoma que la sociedad a premiado por la apariencia y la pena que le otorga a la honestidad. El asunto entre Darcy y Wickham se presenta como un caso emblemático de cómo falla el juicio social en la Inglaterra del siglo XIX, donde las externalidades influyen en la imagen, la fe y hasta el destino de los individuos. Austen analiza de forma crítica cómo estos malentendidos sociales, impulsados por normas rigurosas y superficialidad, pueden alterar significativamente la evaluación del carácter.


Para concluir, el estudio de Orgullo y prejuicio revela que Jane Austen no solo elabora una historia de amor, sino que también ofrece una crítica sobre las restricciones impuestas a las mujeres en la Inglaterra del siglo diecinueve, donde el matrimonio, los estándares de feminidad y la evaluación social actuaban como herramientas de dominación masculina. El matrimonio no era una elección personal, sino una necesidad económica para las mujeres, quienes no tenían autonomía legal ni oportunidades para mantenerse por sí mismas. Austen desafía el ideal de feminidad a través de la ironía enfrentando las expectativas sumisas y superficiales con la inteligencia y autonomía de Elizabeth Bennet. Por último, se examinó de qué manera los prejuicios sociales distorsionan las percepciones, como sucede con Darcy y Wickham, ilustrando cómo la apariencia y el estatus impactan injustamente en la evaluación del carácter. De esta manera, Austen anima al lector a entender que las injusticias y los estereotipos de su época no son meramente elementos del pasado, sino que representan dinámicas que aún persisten, aunque de formas diferentes, en el presente.  Su narrativa sigue siendo relevante ya que muestra cómo las mujeres han tenido que luchar, adaptarse y reconfigurar su rol dentro de sistemas sociales restrictivos. Orgullo y prejuicio no solo proporciona una crítica de su tiempo, sino que también actúa como un aviso sobre los riesgos de aceptar la desigualdad y los juicios superficiales como algo normal, subrayando la relevancia de cuestionar lo que la sociedad considera natural o inevitable.


Referencias


Brownstein, R. M. (2011). Why Jane Austen? Columbia University Press. https://doi.org/10.7312/brow15390


Dalal, K. (2019). El papel del matrimonio en “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen. International Journal of Research in English, 1(1):44-47. https://doi.org/10.33545/26648717.2019.v1.i1a.348


Davidoff, L., & Hall, C. (2018). Family Fortunes: Men and Women of the English Middle Class 1780–1850 (3rd ed.). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315157610 


Herrera Sánchez S. (2012). La economía de las relaciones de género en “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen. Investigaciones Feministas3, 233-250. https://doi.org/10.5209/rev_INFE.2012.v3.41148


Johnson, C. (1988). The moral economy of Jane Austen. Critical Inquiry, 14(1), 62–79. https://doi.org/10.1086/448461


Moe, M. (2016). Charlotte and Elizabeth: Multiple Modernities in Jane Austen’s “Pride and Prejudice.” ELH, 83(4), 1075-1103. http://www.jstor.org/stable/26173905


Perkin, M. J., & Perkin, J. (1989). Women and Marriage in Nineteenth-Century England. Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203401958  


Vickery, A. (1993). ¿De la época dorada a esferas separadas? Una revisión de las categorías y la cronología de la historia de las mujeres inglesas. The Historical Journal36 (2), 383-414. http://doi.org/10.1017/S0018246X9300001X


Wilkie, B. (1992). Structural Layering in Jane Austen’s Problem Novels. Nineteenth-Century Literature, 46(4), 517-544. https://doi.org/10.2307/2933805 


Dato bibliográfico


Austen, J. (2013). Orgullo y prejuicio. Debolsillo.

 

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